Nº 91 - JULIO 2005

Amigo mío


Héctor Alvarez Sánchez

© 2005. Todos los derechos reservados
Prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio,
sin expreso consentimiento del autor
 

e has pedido que escriba algo. Y aquí estoy…

No sé si encontrarás el derroche de imaginación que buscabas el otro día en mi. No sé si soy realmente tan imaginativo. En la vida real no imagino, simplemente vivo…

Por eso aquí no inventaré nada, esto será como una carta. Por lo menos al principio. Quizá después me descontrole y te cuente algo extraño, una historia más o menos irreal. Aunque, bien pensado…, este momento es tan ideal como cualquier otro. Y además creo que debo contarte algo. Algo importante.

¿Quién crees que soy yo?. ¿Te imaginas que soy un tipo normal?.

Yo no estoy tan seguro.

Hace un tiempo que lo estoy pensando. ¿Quieres saber la razón?. Pues es muy simple y complicado a la vez.

Aproximadamente un año atrás descubrí en mi pecho una pequeña marca negra. La vi mientras me duchaba, un día como cualquier otro. La marca resultó ser una letra. Y crecía por momentos.

Pero no era una letra de nuestro alfabeto, era un símbolo formado por dos líneas en cruz y luego una espiral ondulada que partía del centro y llegaba hasta los bordes de las líneas. No parecía tener mucho sentido. Y quizá no lo habría tenido, de no ser por la atención que le presté.

Ese tipo de cosas deben permanecer ocultas. Si no se investigan no se encuentra aquello que no se quiere encontrar. Pero tú me conoces… soy muy curioso. Y esa curiosidad me traicionó. Y lo seguirá haciendo. Pero volviendo al tema…

Consulté a algunos amigos. No supieron decirme nada.

Visité la biblioteca y allí busqué a alguien que conociera a fondo antiguas o extrañas escrituras. Pero nadie apareció.

No sabía qué hacer, y durante un tiempo me di por vencido… hasta el verano. Lógicamente me bañaba con el pecho descubierto en piscinas y playas. El símbolo estaba visible. Si alguien me preguntaba por su significado le contestaba que no lo sabía, que era algo que me había llamado la atención y me lo había tatuado. Una buena excusa para librarme de explicaciones imposibles.

Uno de aquellos días un viejecito que se estaba bañando a mi lado reparó en el dibujo. Se quedó pálido y aparentemente sin respiración. Entre el rumor de la gente y de las olas creí oír una palabra que salía de los labios de aquel hombre… DEHEKO, me pareció que decía. Quizá aquel fuera el nombre del símbolo.

El anciano bajó la vista asustado y fue a refugiarse sobre su toalla, sobre la ardiente arena y el desalentador sol. Vi como cerraba los ojos, y en la línea que los párpados forman con la cara, algo brillante, como una lágrima, se estaba formando.

Me acerqué a él y quise saber por qué había actuado así. Al principio se resistía a mirarme… luego se irguió y me observó con aquellos ojos brillantes. Su voz era temblorosa. Y las palabras pujaban por salir de aquella boca desdentada. Me dijo cosas que me dejaron desconcertado. Me contó que aquel símbolo lo había tenido él, cuando era joven. Y que sólo mirarlo le daba miedo.

Quise saber por qué y él perdió la mirada. Miré donde él lo hacía y descubrí unos niños jugando con su pelota, junto a una pareja, y su padre les decía que se alejaran, que no molestaran a aquellas personas… una típica escena de playa. Pero no era eso lo que yo quería ver. Quería ver aquellos desolados ojos que de vez en cuando, con una furtividad inusitada, consultaban mi pecho y le hacían volver hacia atrás en su historia particular, en el tiempo. Visitaban el pasado y se hundían en la memoria, despertando antiguos monstruos olvidados.

Sus lágrimas me hicieron dudar si debía seguir interrogándole, pero yo debía saber más…

Le rogué que me explicara lo que pasaba. Y él, haciendo acopio de valor, lo hizo.

Al parecer ese símbolo le había salido cuando tenía 20 años. Y le había desaparecido tres o cuatro años más tarde. Y durante ese tiempo había cometido actos que no le gustaba recordar.
Cuando me los contó palidecí de frío, aún estando bajo un sol abrasador.

El símbolo tenía su origen en los Urales, cerca de la entonces Unión Soviética. Al parecer, en un pequeño pueblo de aquella zona, se hacían sacrificios humanos. El símbolo se ponía en el pecho de quien debía morir. Y todo eso lo hacían por que esperaban al enviado de su dios que poseería aquello grabado en la piel.

Pero su dios no era justo.

Su dios no era un dios.

Era un ser menor que se aprovechaba de aquellas gentes para conseguir almas y sangre humana. Debido a su abuso el diminuto poblado perdió a todos sus habitantes. El demonio perdió sus sacrificios. Perdió su poder. Y se refugió en algún oscuro lugar esperando que su fuerza aumentara. Eso sucedía irregularmente en el tiempo, y cuando ocurría, enviaba a un hombre el símbolo. Y mediante ese símbolo poseía a la persona. Y esa persona era la encargada de volver a realizar los sangrientos rituales perdidos en la memoria de seres primitivos.

El hombre anciano me dijo que todo comenzó al cabo de un año de descubrir el símbolo en su pecho. Que una gran cantidad de sus amigos desaparecieron misteriosamente. El significado de la marca le fue revelado tras la muerte de todos ellos. Y sufrió dolorosamente durante años.

Ahora, por mi culpa, su mente y su corazón recordaban el dolor que había padecido.

Y ese dolor ahora surgía en mi.

El anciano se levantó, recogió sus cosas y se fue. Yo no le seguí, ni quise saber más. Le observé mientras se alejaba y me vi a mi mismo dentro de 50 años. Sólo. Sin amigos, mujer o hijos…

No sé qué puedo hacer…

Y ahora, amigo, que sé cuál es el significado del signo que hay en mi pecho, me preocupas. Tu y todos los demás. Todos aquellos que conozco…

El viejo me contó que no fue consciente de lo que hacía hasta que todo acabó.

Creo que deberías alejarte de mi.

Si no sé lo que hago, y mis amigos corren peligro… tu también tendrías que preocuparte.

El más cercano a mi es Joaquín. Es mi mejor amigo, tu lo sabes. Creo que debería contarle esto, para tenerle sobre aviso.

A propósito, ¿lo has visto últimamente?. Yo no consigo localizarle.

No sé nada de él.

Desde hace tiempo.n