Nº 136 - ABRIL 2009

1408

Es un milagro que esta historia exista en forma alguna, impresa o en película. Las primeras mil palabras fueron garabateadas a mano en el salón de alquiler de Sanibel Island, cuando la fuerte tormenta eléctrica vespertina nos mantuvo a mí y a mi familia alejados de la playa. Lo intenté como un ejemplo (para el libro Mientras Escribo) de cómo funciona mi proceso de reescritura. Había hecho mi historia de hotel encantado (El Resplandor) y normalmente no siento urgencia por masticar mis coles dos veces.

La razón de que lo terminara fue porque el protagonista, un gacetillero cínico (que podría llegar a ser un contendiente) que producía libros como salchichas desacreditando localizaciones supuestamente encantadas, empezó a interesarme. ¿Qué, me pregunté, habría ocurrido si el tipo tuviera que enfrentarse a la situación de verdad?

Los actores serios raramente aceptan papeles en películas de terror de presupuesto modesto, pero John Cusack aceptó el papel de Mike Enslin, y aunque no puedo decir con seguridad por qué (él lo podía haber dicho en alguna de sus entrevistas de preestreno, pero nunca lo escuché abordar la cuestión directamente), creo que el personaje pudo haber atrapado su imaginación. Él está brillante en el papel, y hace lo que está muy cerca de ser un show unipersonal.

Sabía que iba a ser una buena película cuando el productor Bob Weinstein me envió un trailer por adelantado. Poseía una perfección claustrofóbica que reflejaba exactamente el tono de la historia. Me imaginé un encantamiento que dirigiera literalmente a los ocupantes de la habitación 1408 a la locura exponiéndolos al tipo de sensaciones extrañas y estímulos mentales que la gente sólo experimenta en los sueños febriles o mientras está bajo la influencia del LSD o mescalina. Los cineastas “captaron” esto, y como resultado produjeron una rareza: una película de terror que aterroriza de verdad. Yo apoyé la calificación PG-13 (que se le concedió finalmente a la película), porque casi no hay sangre o gore. Como una de las viejas y magníficas películas del viejo Val Lewton, este bebé trabaja con tus nervios, no con tu reflejo para la náusea.

Un comentario final: los guionistas añadieron una historia de fondo que no existe en el cuento que sigue. Este es un viejo truco de Hollywood, siempre peligroso y que raramente tiene éxito. Aquí funciona, aunque creo que se necesitó volver a rodar el final para que sucediera.

LA TRITURADORA (THE MANGLER)


Cuando mi hermano David y yo éramos niños, nuestra madre trabajaba en el rodillo de planchar de la Lavandería Straford, en Stratford, Connecticut. Nos contó que la máquina, que el personal llamaba la trituradora, era peligrosa. Recuerdo haber pensado, "Con un nombre como ése, ¿cómo podría no serlo?"

Mamá trabajaba casi hasta la muerte –allí, y en otra fosa de sudor mal pagada– para asegurarles a sus hijos una educación universitaria, y mi primer trabajo tras la graduación fue… ¡en una lavandería! Fui el tipo de las sábanas del motel –una especialidad valiente, amigos míos– pero tuve que ver la trituradora de cerca todos los días; el extremo de la alimentación estaba a menos de treinta pies de mi enorme lavadora. Efectivamente, era peligrosa. Uno de los capataces de la planta, Harry Cross, tenía ganchos en lugar de manos para probarlo. Un sábado durante la II Guerra Mundial, se cayó en ella mientras estaba funcionando. Con sus garfios, que ocasionalmente mantenía bajo los grifos del vestuario de hombres (garfio izquierdo equivalía a CALIENTE, garfio izquierdo equivalía a FRÍO), y luego los ponía en las nucas de desprevenidas chicas de la trituradora. Hoy en día este tipo de cosa se llama “acoso sexual”; Harry lo llamaba “jugar”. No tomé una postura; sólo me preguntaba cómo hacía el nudo de su corbata por la mañana (a veces me pregunté otras cosas, también, pero no entremos en eso).

Dado mi hábito de imaginar lo peor, no es tan sorprendente que me imaginara una trituradora vampiro. Y puede que no sea sorprendente que la historia terminara siendo una película. Tobe Hopper, que la dirigió, es algo así como un genio… La Matanza de Texas lo prueba más allá de toda duda. Pero cuando el genio se equivoca, hermano, ten cuidado. La versión fílmica de La Trituradora es enérgica y llena de color, pero también es un desastre con Robert (Freddy Krueger) Englund acechando a lo largo de ella por razones que continúan sin aclararse para mí incluso ahora. Creo que sólo tenía un ojo y cojera, pero podría estar equivocado sobre eso.

Los efectos visuales de la película son surrealistas y los escenarios llaman la atención, pero en algún lugar por el camino (puede que en los montones de vapor generados por la estrella mecánica de la película), la historia se perdió. Es una vergüenza, porque Hopper hizo maravillas con la primera encarnación en miniserie de Salem’s Lot. Cuando la gente habla sobre material mío que les ha dado miedo en la pantalla, son capaces de mencionar a Pennywise el payaso primero, luego a Kathy Bathes como Annie Wilkes, y luego los niños vampiros flotantes en Lot.

No hay tales imágenes indelebles en La Trituradora, pero mantengo que sigue siendo el mejor relato que puedes leer en el cual una máquina de lavandería escapa de los temas de plancha, je-je-je.

CORAZONES EN LA ATLÁNTIDA (HEARTS IN ATLANTIS)

Autobiográfico en el escenario, si no en eventos (crecí también en el Connecticut suburbano, y mi mamá y hermano y yo vivíamos en una casa de apartamentos muy similar a la de esta historia), Hampones de Chaquetas Amarillas es la historia del despertar de un niño al hecho de que los adultos son a menudo falibles y a veces crueles más allá de toda creencia. Con sus elementos de precognición, primer amor, y creciente amistad entre el niño protagonista y el misterioso viejo del piso de arriba, casi pedía a gritos ser una película. Que podría haber sido una de las buenas, especialmente a la luz de la excelente actuación de Anthony Hopkins como algún tipo de anti-Hannibal Lecter.

Pero hubo peligros, y la película definitivamente cae en ellos. El primero es el hecho de que Hampones es sólo la primera parte de algo así como una novela, que todavía no está realmente hecha (La Casa en Benefit Street, la historia de lo que le ocurrió a la novia de infancia de Bobby, Carol, sigue sin estar escrita). La segunda es la relación de Hampones con los libros de La Torre Oscura. Aunque sabía que la aparición de Ted Brautigan en Corazones sería relativamente breve, también sabía que él tenía más trabajo que hacer en el último volumen de la saga de Roland Deschain.

Sin la razón subyacente del estatus de fugitivo de Ted en la ciudad de Harwich (que no mencionaré aquí, no sea que pueda ser encontrado culpable de cometer el terrorífico SPOILER), la motivación de la película primero se empequeñeció… y luego simplemente desapareció. Muchas de las escenas individuales son maravillosas, y me encanta el espíritu de la cosa, pero la historia funciona mejor, y al final siempre se trata de que funcione. No dejéis que nadie os diga otra cosa.

LA REDENCIÓN DE SHAWSHANK (THE SHAWSHANK REDEMPTION)

La ficción de las palabras y la ficción de las películas difieren en una cuestión fundamental, la primera es siempre la creación de una mente solitaria, y la segunda un esfuerzo de colaboración fraguado entre muchos, desde el director hasta el diseñador de vestuario y el decorador de escenarios. Incluso los tipos Foley (hombres del sonido que añaden de todo, desde pasos hasta perros ladrando y sonido de grillos) tienen su papel. Es una maravilla que algunas adaptaciones a películas funcionen. Cuando lo hacen, es a menudo porque una sola mente creativa con seguridad ha obligado a las otras mentes juntas para lograr una meta clara. Y no hace daño si el trabajo primario es uno relativamente corto, donde los elementos del argumento están comprimidos.

La mente creativa en el caso de La Redención de Shawshank fue Frank Darabont. Yo le vendí los derechos a él; sólo fuimos nosotros, sin productores de por medio, sosteniendo dólares con condiciones. Cuando Frank me envió su guión original, tenía cerca de ciento treinta páginas –una extensión épica– y era increíblemente fiel a mi historia. La terminé con una risa triste, pensando, "Es maravillosa… pero nadie va a hacerlo. Porque, nadie la lanzaría nunca".

Pero gracias a Castle Rock (que había tenido éxito con Cuenta Conmigo; de hecho, a la compañía de producción de Rob Reiner se le puso el nombre después de que mi ciudad ficticia en el Maine oeste fuera creada), y el corte final es una realización fiel del guión original de Frank, casi página por página.

No fue –al principio– un gran éxito de taquilla. Parte de los motivos pudo haber sido el título, que no transmitía información y no invocaba ninguna imagen en la mente del espectador potencial. Desafortunadamente, nadie pudo pensar en uno mejor, y eso me incluye a mí; nunca me gustó el título de mi propia historia, y tampoco ahora. La parte de Rita Hayworth ayuda un poco, pero aún así es torpe… y me congratulo de que normalmente soy bastante bueno con los títulos (y nunca me importó la crítica sabihonda que señalaba que “It rima con shit [mierda] por alguna razón”).

Sin embargo, la película finalmente encontró su audiencia. ¡Vaya si lo hizo! Ahora aparece con regularidad en listas de las películas preferidas de todos los tiempos. ¿Me encanta a mí, también? Sí. La historia tenía corazón; la película tenía más. Frank Darabont, que mantuvo las riendas firmemente en sus manos insistiendo en dirigir su propio guión, es uno de los mejores seres humanos del universo. Esa bondad brilla aquí. Nunca me gustó la secuencia de la película de Las Bodas de Fígaro (no está en la historia) pero todo lo demás brilla. La historia es dura cuando tiene que serlo, llena de sentimiento sin ser sentimental. Esta es buena como las películas que entran en el tema de cómo los hombres se aman unos a otros, y cómo sobreviven.

LOS CHICOS DEL MAÍZ (CHILDREN OF THE CORN)

La versión fílmica es una especie de avatar de las películas de los 70 –incluso la sangre derramada parece lista para esnifar coca y bailar disco al ritmo de una melodía de los Bee Gees– y tenía una línea (no en la historia, os daréis cuenta) que a mis hijos todavía les hace reír: “Forastero, ¡tenemos a tu mujer!” Pero aaaau, vamos… no es tan malo. Para mí, tenía un sentido Wicker Man-iano (el primer Wicker Man, el bueno), y Linda Hamilton, que continuó con la fama de Terminator, ciertamente lo da todo.

Aunque a veces darlo todo no es suficiente. A veces la historia es mejor simplemente porque la imaginación de uno mismo nunca tiene un presupuesto establecido. Creo que la versión escrita es más espeluznante, porque el maíz es más espeluznante. En la película, sólo parece… maíz. En la película, el maíz nunca va a hacer que Drácula muerda el polvo.

Otra nota: Los Chicos del Maíz ha generado más secuelas malas que ninguna otra historia en mi obra. Hay Los Chicos del Maíz II, III y IV, por lo menos. Posiblemente más (al final perdí la cuenta). Si mi conexión de Internet no hubiera caído mientras escribo esto, miraría y vería si no hubo incluso una Los Chicos del Maíz en el Espacio. Casi pienso que la había. La única que realmente apoyaría sería Los Chicos del Maíz contra Leprechaun. Quería escuchar ese pequeño tipo leprechaun gritando, “¡Devuélveme el maíz!” en su encantador acentito irlandés.n

Stephen King va al cine

Las introducciones que el autor de Maine escribió
para el libro Stephen King Goes to the Movies

Stephen King
Publicado originalmente en el libro Stephen King Goes To The Movies
Traducción de Soniarod

 

ocas novedades son las que tiene para ofrecer la última antología recopilatoria de Stephen King. Además de los cinco relatos (geniales, pero ya conocidos por todos), se incluyen una breves notas introductorias a cada una de las historias, que se enfocan principalmente en las adaptaciones cinematográficas de éstas. A continuación, compartimos estas opiniones con todos los lectores.