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Algunas veces
irónico, otras muy serio, pero siempre brillante... el King
que tanto nos deleita con sus novelas se hace presente en su mejor
forma para hablar de los más diversos temas. A lo largo de esta
serie de artículos iremos recopilando una selección
de las mejores columnas.
| Películas de Terror:
Por qué los estrenos de los grandes estudios raramente
dan miedo
por Stephen King
(Pop of King #82, Horror Movies: Why Big Studio Releases
Are Rare to Scare)
Mientras caminaba de vuelta a mi hotel
en Boston, tras una sorprendentemente concurrida proyección
del thriller de horror The Strangers, me encontré
a mí mismo meditando acerca de lo que da miedo y lo que
no. |
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Sea lo que sea, The Strangers tenía suficiente
de eso para ir increíblemente bien en la taquilla. ¿Pero
qué hace que una película así, con sólo
una estrella (Liv Tyler) funcione en primer lugar? Que la cuestión
me interese no extrañaría a nadie, porque he trabajado
en el campo del terror durante años. Y tiene que ser
de vital interés para la Twentieth Century Fox,
que este verano estrena dos películas del género
con presupuestos mucho mayores: The Happening y The
X-Files: I Want to Relieve. The Happening fue
mejor de lo que esperaba, pero no daba tanto miedo como The
Strangers. ¿Será así The X-Files
(se estrena el 25 de julio)? Niños, tengo mis dudas.
Una cosa que parece clara para mí,
mirando atrás a las diez o docena de películas
que realmente me asustaron, es que la mayoría de películas
de terror realmente buenas son mezclas de bajo presupuesto con
efectos especiales preparados en el sótano o garaje de
alguien. Entre esas que realmente funcionaron están El
Carnaval de las Almas, Halloween, La Matanza
de Texas, La Noche de los Muertos Vivientes y
El Proyecto de la Bruja de Blair. Todas ellas costaron
muy poco y ganaron millones, mientras que sus secuelas y remakes
son basura (El Amanecer de los Muertos en sus dos encarnaciones
es la excepción que confirma la regla.)
El horror es una experiencia íntima,
algo que ocurre en su mayor parte dentro de uno mismo, y cuando
funciona, los gritos de una sala abarrotada son casi intrusivos.
En ese sentido, una película como El Proyecto de
la Bruja de Blair es casi más poética que
las “películas evento” que atestan los cines
en verano. Esas películas tienden a ser como sándwiches
sobrecargados con carne y queso extrañamente insípidos,
comida que llena el estómago pero no hace nada por el
alma. Los ejecutivos de los estudios, que no sólo viven
bajo la curva de aprendizaje, sino que además parecen
haberse construido mansiones allí, no parecen entender
que la mayoría de los asistentes al cine reconocen todas
las pantallas azules y gráficos de ordenador de las películas
de gran presupuesto y las apartan a un lado. Esas películas
arremeten contra nuestras emociones e imaginación, en
lugar de acariciarlas con el filo de un cuchillo.
La secuencia más terrorífica
que recuerdo es en La Noche de los Muertos Vivientes.
La heroína que visita el cementerio, Barbara, es perseguida
hasta su coche por un tambaleante zombi de pelo blanco y ojos
aturdidos. Ella se encierra en el coche sólo para descubrir
que su hermano se ha llevado las llaves. El zombi alarga la
mano, encuentra una piedra, y empieza a golpearla sin fuerza
contra la ventanilla del coche. La primera vez que vi esto (y
un par después), la escena me hizo gelatina.
De las dos películas de terror
de la Fox para el verano, doy la ventaja a The Happening,
en parte porque M. Night Shyamalan entiende el miedo de verdad,
en parte porque esta vez se dejó ir (de ahí la
calificación R*), y en parte porque
después de La Joven del Agua tenía algo
que probar. Y, felizmente, Happening funciona como
una película relativamente pequeña. La nueva película
de Expediente X, por otro lado, parece grande…
pero el horror no es espectáculo, y nunca lo será.
El horror es una actriz desconocida, quizás la vecina
de al lado, encogiéndose en una cabaña, con un
cuchillo en sus manos, que no sabemos si será capaz de
usar. El horror es la escena de The Strangers en la
que Liv Tyler intenta esconderse bajo la cama… y descubre
que no cabe allí.
Un problema más: las grandes películas
exigen grandes explicaciones, que son normalmente fastidiosas,
y grandes historias de fondo, que suelen ser engorrosas. Si
un estudio se va a gastar 80 o 100 millones de dólares
esperando ganar 300 o 400 millones más, sienten la necesidad
de empujar TODO LO QUE SIGNIFICA dentro de la garganta de la
audiencia. ¿Hay un asesino en serie? Entonces su mami
no le quería (insertar flashback). ¿Un monstruo
del espacio exterior? Su planeta explotó, por supuesto
(y la pobre cosa incomprendida probablemente necesita una jugosa
mujer humana para tener sexo con ella). Pero las pesadillas
existen más allá de la lógica, y hay poca
diversión en tener explicaciones; son la antítesis
de la poesía del miedo.
Y esos son los motivos por lo que no
puedo imaginar que algo en X-Files pueda competir con
el intercambio con uno de los invasores enmascarados de su casa
en una escena particularmente terrorífica de The
Strangers.
“¿Por qué nos
estáis haciendo esto?”, susurra.
A lo cual la mujer con la máscara
de muñeca responde, con una voz muerta e insensible:
“Porque estabais en casa”.
Al final, esa es toda la explicación
que una buena película de horror necesita.
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La calificación R en el
sistema Americano supone que ninguna persona menor de 17 años
sin compañía adulta puede visionar la película,
debido a su contenido violento o sexual. |
| La guía
de Stephen King para los snacks en el cine
por Stephen King
(Pop of King #83, Stephen King's Guide to Movie Snacks)
Para una revista que se enorgullece
de sí misma en las muchas facetas que cubre el negocio
del cine, EW no ha tenido mucho que decir a través
de los años en lo que se refiere al importante tema de
los snacks.
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Oh, un artículo ocasional acerca de cuánto cuestan,
pero pocas palabras acerca de su grandiosidad culinaria. Esto
necesita ser enmendado, porque, mientras que alguna gente consume
snacks mientras está en el cine, hay otros que van al
cine porque así podrán consumir snacks. Yo estaría
en ese grupo. Así que dejadme impartir unas pocas lecciones
que años de snackear me han enseñado.
Primero, apoyad a vuestro cine. Comprad
en el bar de allí y que le jodan al gasto. Probablemente
podríais pasar a escondidas vuestra propia comida, pero
si os cojen, os echarán. Además, acerca de traer
snacks más saludables de casa: ¿de verdad contratáis
a una canguro y conducís diez kilómetros para
así poder comer rodajas de pepino medio ahogadas en suero
de leche sacadas de una bolsa fina de plástico? ¿A
eso le llamáis vivir?
Si queréis ser saludables, hay
sitios para eso: Se llaman “clubs de salud”. Y encuentro
que hay algo mareante en soltar 4,50$ por una caja de Ositos
Gummi o una bolsa de pasas con chocolate. Me hace sentir como
un gran apostador, especialmente cuando la entrada en sí
misma cuesta sólo 50 centavos más.
Siempre empiezo mi pedido con la bebida
ritual – Pepsi Light si es posible, Coca
Cola Zero como plan alternativo, Coca Cola Light
como último recurso. Una gran cola Light absorbe
las calorías y colesterol contenidas en la comida de
la película como sólo una vieja y gran esponja
succiona el agua. Es un hecho probado. Un experto (yo) cree
que una bebida de cola de tamaño medio puede bajar tu
colesterol en 20 puntos y absorber algo así como mil
calorías sin valor nutritivo. Y si decís que lo
que digo es una basura, yo podría apuntar que no lo llamo
una bebida ritual por nada. A veces añado un batido de
fresa con mucha crema batida, pero siempre estoy seguro de tomar
suficientes sorbos de mi bebida ritual para absolverme de esas
calorías también.
Con mi bebida absorbente de calorías
en la mano, puedo pedir unas palomitas grandes con extra de
mantequilla. Por supuesto, en realidad no es mantequilla, es
algún tipo de sustancia misteriosa exprimida de las glándulas
sudoríparas de animales pequeños, pero he desarrollado
algo así como un gusto por ello durante mis años
de ir al cine, de manera que la de verdad sabe mal, de algún
modo.
Si el tipo del mostrador pone la mantequilla
glandular él mismo, vigilo cuidadosamente para estar
seguro de que engrasa tanto la parte de en medio de la bolsa
como la parte de arriba. Si es un autoservicio (al principio
no me gustaba esta opción, pero ahora sí), proceso
a golpear ese botón rojo hasta que tengo lo que yo llamo
una “bolsa pesada”. Sabes que tienes una bolsa pesada
cuando la parte de abajo empieza a hundirse y rezumar enormes
gotas de una sustancia parecida al pus antes incluso de que
entres a la sala. Y no olvidéis la sal. La sal de las
palomitas es un poco fuerte para mi gusto (y parece como orina
en polvo); prefiero simple sal de mesa. Medio salero está
bien.
Con una “bolsa pesada”, la
precaución es fundamental. No la pongáis sobre
vuestras rodillas; cuando la película termine y enciendan
las luces, la gente pensará que habéis mojado
la ropa interior. La cortesía también es una obligación.
No las pongáis en el asiento de al lado, o la próxima
persona se sentará en un asiento que rezume. No es guay,
hermano.
Mi elección en las golosinas es
Junior Mints. Y aunque no meto comida de contrabando
en el cine, meto palillos de contrabando. Después, mientras
me relajo en mi asiento, cojo un palillo y clavo cinco o seis
Junior Mints en él. Previene la terrorífica
Mano de Chocolate, y también hay algo divertido en comer
golosinas de un palito. Los llamo Kebabs de Menta.
Y aunque es algo así como una
elección personal, no como carne en el cine (vamos, os
podéis reír, puedo aguantarlo). Mi lema es “Nunca
compres un perrito caliente que haya estado esperando en una
bolsita metálica bajo una lámpara de calor”.
Hasta donde vosotros sabéis, ese perro perdido podría
haber estado ahí desde La Venganza de los Sith.
Los nachos están bien, pero sólo si coges la reserva
tamaño piscina de salsa de queso, porque uno nunca es
suficiente.
Ahora que lo pienso, lo mismo se podría
decir de los snacks. Pero recordad: empezad con la bebida ritual.
Después de eso, arregláoslas vosotros mismos.
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| Cómo
la televisión arruinó al béisbol
por Stephen King
(Pop of King #84, How TV Ruined Baseball)
Sí,
es una columna sobre béisbol. Pero antes de que des un
click y te vayas (gruñendo, "Si quisiera leer
sobre deportes, me suscribiría al Sports Illustrated),
déjame añadir que es sobre televisión y
la codicia. ¿Os habéis dado cuenta de que esas
dos cosas van juntas como la mantequilla de cacahuete y la mermelada,
o como Cheech y Chong? *1 |
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Este
tema ha estado en mi cabeza desde 2004, cuando los Red ganaron
las Series Mundiales por primera vez en 86 años, dejando
por fin a la Maldición del Bambino atrás…
y mi nieto mayor loco-del-béisbol se perdió el
partido porque pasó su hora de ir a la cama (su papá
lo despertó para la celebración post-partido,
y bien por él).
Presenté el tema entonces, incluso
aunque los “eventos” de partidos de béisbol
aparecen regularmente en las tablas de los más vistos
de EW, pero mi disgusto con la Major League Baseball
ha continuado creciendo, y finalmente vino a mi cabeza durante
mi última visita a Fenway Park *2, cuando
el sistema de megafonía nos informó de que el
descanso de la séptima entrada estaba siendo patrocinado
por Coca Cola. Y eso no fue lo peor. En 2004, la MLB *3
aprobó un plan para poner anuncios de Spider-Man
2 en las bases durante los partidos de liga. La indignación
de los fans mató la idea, pero la posibilidad de que
pudiera haberse llevado a cabo es deprimente. Algunas veces
sólo quieres decir a los trajeados que mandan en los
pasatiempos de América, "¿No tenéis
vergüenza? ¿No hay nada que no vayáis a vender?
¿No hay deshonra que no probéis en este maravilloso
juego a fin de conseguir un pavo?".
Cuando era niño (el tipo de línea
que invariablemente indica que vuestro corresponsal está
haciéndose viejo y cascarrabias), los niños aún
podían ver el béisbol en la televisión.
Vi el partido perfecto de Don Larsen en las Series Mundiales
después del colegio y bailé de alegría
dando vueltas por nuestro apartamento a pesar de que Larsen
era un odiado Yankee. En los años que siguieron, cada
vez más y más equipos empezaron a jugar en cada
vez más y más partidos de noche. El razonamiento
era simple: muchos trabajadores no podían ir a los partidos
de día. Lo que el razonamiento ignoraba era el cada vez
mayor énfasis en el béisbol televisado. Aunque
aquellos primeros pioneros de la televisión eran aficionados
comparados con aquellos que venden el juego hoy en día,
con redes por cable enteras como YES y NESN mucho
más entregados a la idea de que el béisbol es
otra serie de televisión de prime-time.
Pero por lo menos los partidos de la
temporada normal son retransmitidos a horas normales –
la mayoría empiezan a las siete o siete y media. Incluso
puedes llevar a un niño a un partido a las 7 en una noche
entre semana, aunque él o ella se puedan quedar dormidos
en el coche de vuelta a casa.
Pero gracias a la profana alianza de
Fox y la MLB, la mayoría de los “eventos”
de béisbol en televisión podrían venir
con una etiqueta de “Sólo para Adultos”.
¿Y los fans en el estadio? Probablemente se encuentren
a sí mismos temblando en sus asientos hasta la medianoche
o más tarde, debido no sólo a la hora de comienzo
tardía, sino también a las pausas entre tiempos
extra-largas, alargadas para que así la cadena pueda
vender más cerveza y desodorante. Los espectadores están
en efecto reducidos a extras que vitorean, con esta patada añadida
en el culo: pagan por el privilegio en lugar de recibir un pago.
Vaya, menudo negocio para la cadena. Y los niños que
compran los pósters, camisetas, y cromos para intercambiar
consiguen únicamente resúmenes recalentados por
la mañana. Muy mal, por supuesto, pero Fox tiene
que vender tractores y la última y fenomenal Película
para Tíos. Lo siento, niños, pero cuando habla
el dinero, tenéis que iros a paseo.
El All-Star Game de este año es
un caso particularmente vergonzoso de cómo el juego ha
sido chuleado por la gente que supuestamente cuida de sus tradiciones.
Fox emitió el partido a las ocho de la tarde
del 15 de julio, y bingo, allá van los niños de
6 y 7 años: el pijama para ir a dormir, niñitos.
El partido empezó en realidad alrededor de las nueve
menos cuarto (allá van los de 8 años). Se alargó
hasta pasada la medianoche con el marcador empatado (allá
van los adolescentes y los esforzados trabajadores) y finalmente
terminó a la 1:38 de la mañana del 16 de julio.
Duración del partido: casi cinco horas. Con 15 entradas,
habría acabado tarde fuera como fuera, pero si el primer
lanzamiento se hubiera realizado a las siete de la tarde, el
partido habría terminado antes de la medianoche. Pero,
hey, los niños no compran Bud o cortacéspedes,
así que al diablo con ellos.
Me digo a mí mismo que soy cínico
–endurecido por todo esto– y sí lo soy, pero
todavía me asombra cómo de corruptora puede ser
la televisión… aunque no hay duda de que a la MLB
le ha encantado que le corrompieran. Alguien debería
bajarles los pantalones y darles una buena paliza en el culo.
Aunque me temo que ya es demasiado tarde. Como un comentarista
de de ESPN decía recientemente, “El
comercio triunfa sobre la conciencia todo el tiempo”.
*1 Cheech
Marin y Tommy Chong fueron un dueto cómico de actores
que participaron en las décadas de los 70 y 80 en varias
películas, en su mayoría comedias ácidas
sobre consumo de drogas y humor descerebrado.
*2 El estadio de los Red Sox
*3 Major League Baseball.n
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