Nº 129 - SEPTIEMBRE 2008

Algunas veces irónico, otras muy serio, pero siempre brillante... el King que tanto nos deleita con sus novelas se hace presente en su mejor forma para hablar de los más diversos temas. A lo largo de esta serie de artículos iremos recopilando una selección de las mejores columnas.



Películas de Terror: Por qué los estrenos de los grandes estudios raramente dan miedo

por Stephen King
(Pop of King #82, Horror Movies: Why Big Studio Releases Are Rare to Scare)

Mientras caminaba de vuelta a mi hotel en Boston, tras una sorprendentemente concurrida proyección del thriller de horror The Strangers, me encontré a mí mismo meditando acerca de lo que da miedo y lo que no.


Sea lo que sea, The Strangers tenía suficiente de eso para ir increíblemente bien en la taquilla. ¿Pero qué hace que una película así, con sólo una estrella (Liv Tyler) funcione en primer lugar? Que la cuestión me interese no extrañaría a nadie, porque he trabajado en el campo del terror durante años. Y tiene que ser de vital interés para la Twentieth Century Fox, que este verano estrena dos películas del género con presupuestos mucho mayores: The Happening y The X-Files: I Want to Relieve. The Happening fue mejor de lo que esperaba, pero no daba tanto miedo como The Strangers. ¿Será así The X-Files (se estrena el 25 de julio)? Niños, tengo mis dudas.

Una cosa que parece clara para mí, mirando atrás a las diez o docena de películas que realmente me asustaron, es que la mayoría de películas de terror realmente buenas son mezclas de bajo presupuesto con efectos especiales preparados en el sótano o garaje de alguien. Entre esas que realmente funcionaron están El Carnaval de las Almas, Halloween, La Matanza de Texas, La Noche de los Muertos Vivientes y El Proyecto de la Bruja de Blair. Todas ellas costaron muy poco y ganaron millones, mientras que sus secuelas y remakes son basura (El Amanecer de los Muertos en sus dos encarnaciones es la excepción que confirma la regla.)

El horror es una experiencia íntima, algo que ocurre en su mayor parte dentro de uno mismo, y cuando funciona, los gritos de una sala abarrotada son casi intrusivos. En ese sentido, una película como El Proyecto de la Bruja de Blair es casi más poética que las “películas evento” que atestan los cines en verano. Esas películas tienden a ser como sándwiches sobrecargados con carne y queso extrañamente insípidos, comida que llena el estómago pero no hace nada por el alma. Los ejecutivos de los estudios, que no sólo viven bajo la curva de aprendizaje, sino que además parecen haberse construido mansiones allí, no parecen entender que la mayoría de los asistentes al cine reconocen todas las pantallas azules y gráficos de ordenador de las películas de gran presupuesto y las apartan a un lado. Esas películas arremeten contra nuestras emociones e imaginación, en lugar de acariciarlas con el filo de un cuchillo.

La secuencia más terrorífica que recuerdo es en La Noche de los Muertos Vivientes. La heroína que visita el cementerio, Barbara, es perseguida hasta su coche por un tambaleante zombi de pelo blanco y ojos aturdidos. Ella se encierra en el coche sólo para descubrir que su hermano se ha llevado las llaves. El zombi alarga la mano, encuentra una piedra, y empieza a golpearla sin fuerza contra la ventanilla del coche. La primera vez que vi esto (y un par después), la escena me hizo gelatina.

De las dos películas de terror de la Fox para el verano, doy la ventaja a The Happening, en parte porque M. Night Shyamalan entiende el miedo de verdad, en parte porque esta vez se dejó ir (de ahí la calificación R*), y en parte porque después de La Joven del Agua tenía algo que probar. Y, felizmente, Happening funciona como una película relativamente pequeña. La nueva película de Expediente X, por otro lado, parece grande… pero el horror no es espectáculo, y nunca lo será. El horror es una actriz desconocida, quizás la vecina de al lado, encogiéndose en una cabaña, con un cuchillo en sus manos, que no sabemos si será capaz de usar. El horror es la escena de The Strangers en la que Liv Tyler intenta esconderse bajo la cama… y descubre que no cabe allí.

Un problema más: las grandes películas exigen grandes explicaciones, que son normalmente fastidiosas, y grandes historias de fondo, que suelen ser engorrosas. Si un estudio se va a gastar 80 o 100 millones de dólares esperando ganar 300 o 400 millones más, sienten la necesidad de empujar TODO LO QUE SIGNIFICA dentro de la garganta de la audiencia. ¿Hay un asesino en serie? Entonces su mami no le quería (insertar flashback). ¿Un monstruo del espacio exterior? Su planeta explotó, por supuesto (y la pobre cosa incomprendida probablemente necesita una jugosa mujer humana para tener sexo con ella). Pero las pesadillas existen más allá de la lógica, y hay poca diversión en tener explicaciones; son la antítesis de la poesía del miedo.

Y esos son los motivos por lo que no puedo imaginar que algo en X-Files pueda competir con el intercambio con uno de los invasores enmascarados de su casa en una escena particularmente terrorífica de The Strangers.

“¿Por qué nos estáis haciendo esto?”, susurra.

A lo cual la mujer con la máscara de muñeca responde, con una voz muerta e insensible: “Porque estabais en casa”.

Al final, esa es toda la explicación que una buena película de horror necesita.

* La calificación R en el sistema Americano supone que ninguna persona menor de 17 años sin compañía adulta puede visionar la película, debido a su contenido violento o sexual.




La guía de Stephen King para los snacks en el cine

por Stephen King
(Pop of King #83, Stephen King's Guide to Movie Snacks)


Para una revista que se enorgullece de sí misma en las muchas facetas que cubre el negocio del cine, EW no ha tenido mucho que decir a través de los años en lo que se refiere al importante tema de los snacks.


Oh, un artículo ocasional acerca de cuánto cuestan, pero pocas palabras acerca de su grandiosidad culinaria. Esto necesita ser enmendado, porque, mientras que alguna gente consume snacks mientras está en el cine, hay otros que van al cine porque así podrán consumir snacks. Yo estaría en ese grupo. Así que dejadme impartir unas pocas lecciones que años de snackear me han enseñado.

Primero, apoyad a vuestro cine. Comprad en el bar de allí y que le jodan al gasto. Probablemente podríais pasar a escondidas vuestra propia comida, pero si os cojen, os echarán. Además, acerca de traer snacks más saludables de casa: ¿de verdad contratáis a una canguro y conducís diez kilómetros para así poder comer rodajas de pepino medio ahogadas en suero de leche sacadas de una bolsa fina de plástico? ¿A eso le llamáis vivir?

Si queréis ser saludables, hay sitios para eso: Se llaman “clubs de salud”. Y encuentro que hay algo mareante en soltar 4,50$ por una caja de Ositos Gummi o una bolsa de pasas con chocolate. Me hace sentir como un gran apostador, especialmente cuando la entrada en sí misma cuesta sólo 50 centavos más.

Siempre empiezo mi pedido con la bebida ritual – Pepsi Light si es posible, Coca Cola Zero como plan alternativo, Coca Cola Light como último recurso. Una gran cola Light absorbe las calorías y colesterol contenidas en la comida de la película como sólo una vieja y gran esponja succiona el agua. Es un hecho probado. Un experto (yo) cree que una bebida de cola de tamaño medio puede bajar tu colesterol en 20 puntos y absorber algo así como mil calorías sin valor nutritivo. Y si decís que lo que digo es una basura, yo podría apuntar que no lo llamo una bebida ritual por nada. A veces añado un batido de fresa con mucha crema batida, pero siempre estoy seguro de tomar suficientes sorbos de mi bebida ritual para absolverme de esas calorías también.

Con mi bebida absorbente de calorías en la mano, puedo pedir unas palomitas grandes con extra de mantequilla. Por supuesto, en realidad no es mantequilla, es algún tipo de sustancia misteriosa exprimida de las glándulas sudoríparas de animales pequeños, pero he desarrollado algo así como un gusto por ello durante mis años de ir al cine, de manera que la de verdad sabe mal, de algún modo.

Si el tipo del mostrador pone la mantequilla glandular él mismo, vigilo cuidadosamente para estar seguro de que engrasa tanto la parte de en medio de la bolsa como la parte de arriba. Si es un autoservicio (al principio no me gustaba esta opción, pero ahora sí), proceso a golpear ese botón rojo hasta que tengo lo que yo llamo una “bolsa pesada”. Sabes que tienes una bolsa pesada cuando la parte de abajo empieza a hundirse y rezumar enormes gotas de una sustancia parecida al pus antes incluso de que entres a la sala. Y no olvidéis la sal. La sal de las palomitas es un poco fuerte para mi gusto (y parece como orina en polvo); prefiero simple sal de mesa. Medio salero está bien.

Con una “bolsa pesada”, la precaución es fundamental. No la pongáis sobre vuestras rodillas; cuando la película termine y enciendan las luces, la gente pensará que habéis mojado la ropa interior. La cortesía también es una obligación. No las pongáis en el asiento de al lado, o la próxima persona se sentará en un asiento que rezume. No es guay, hermano.

Mi elección en las golosinas es Junior Mints. Y aunque no meto comida de contrabando en el cine, meto palillos de contrabando. Después, mientras me relajo en mi asiento, cojo un palillo y clavo cinco o seis Junior Mints en él. Previene la terrorífica Mano de Chocolate, y también hay algo divertido en comer golosinas de un palito. Los llamo Kebabs de Menta.

Y aunque es algo así como una elección personal, no como carne en el cine (vamos, os podéis reír, puedo aguantarlo). Mi lema es “Nunca compres un perrito caliente que haya estado esperando en una bolsita metálica bajo una lámpara de calor”. Hasta donde vosotros sabéis, ese perro perdido podría haber estado ahí desde La Venganza de los Sith. Los nachos están bien, pero sólo si coges la reserva tamaño piscina de salsa de queso, porque uno nunca es suficiente.

Ahora que lo pienso, lo mismo se podría decir de los snacks. Pero recordad: empezad con la bebida ritual. Después de eso, arregláoslas vosotros mismos.




Cómo la televisión arruinó al béisbol

por Stephen King
(Pop of King #84, How TV Ruined Baseball)

Sí, es una columna sobre béisbol. Pero antes de que des un click y te vayas (gruñendo, "Si quisiera leer sobre deportes, me suscribiría al Sports Illustrated), déjame añadir que es sobre televisión y la codicia. ¿Os habéis dado cuenta de que esas dos cosas van juntas como la mantequilla de cacahuete y la mermelada, o como Cheech y Chong? *1

Este tema ha estado en mi cabeza desde 2004, cuando los Red ganaron las Series Mundiales por primera vez en 86 años, dejando por fin a la Maldición del Bambino atrás… y mi nieto mayor loco-del-béisbol se perdió el partido porque pasó su hora de ir a la cama (su papá lo despertó para la celebración post-partido, y bien por él).

Presenté el tema entonces, incluso aunque los “eventos” de partidos de béisbol aparecen regularmente en las tablas de los más vistos de EW, pero mi disgusto con la Major League Baseball ha continuado creciendo, y finalmente vino a mi cabeza durante mi última visita a Fenway Park *2, cuando el sistema de megafonía nos informó de que el descanso de la séptima entrada estaba siendo patrocinado por Coca Cola. Y eso no fue lo peor. En 2004, la MLB *3 aprobó un plan para poner anuncios de Spider-Man 2 en las bases durante los partidos de liga. La indignación de los fans mató la idea, pero la posibilidad de que pudiera haberse llevado a cabo es deprimente. Algunas veces sólo quieres decir a los trajeados que mandan en los pasatiempos de América, "¿No tenéis vergüenza? ¿No hay nada que no vayáis a vender? ¿No hay deshonra que no probéis en este maravilloso juego a fin de conseguir un pavo?".

Cuando era niño (el tipo de línea que invariablemente indica que vuestro corresponsal está haciéndose viejo y cascarrabias), los niños aún podían ver el béisbol en la televisión. Vi el partido perfecto de Don Larsen en las Series Mundiales después del colegio y bailé de alegría dando vueltas por nuestro apartamento a pesar de que Larsen era un odiado Yankee. En los años que siguieron, cada vez más y más equipos empezaron a jugar en cada vez más y más partidos de noche. El razonamiento era simple: muchos trabajadores no podían ir a los partidos de día. Lo que el razonamiento ignoraba era el cada vez mayor énfasis en el béisbol televisado. Aunque aquellos primeros pioneros de la televisión eran aficionados comparados con aquellos que venden el juego hoy en día, con redes por cable enteras como YES y NESN mucho más entregados a la idea de que el béisbol es otra serie de televisión de prime-time.

Pero por lo menos los partidos de la temporada normal son retransmitidos a horas normales – la mayoría empiezan a las siete o siete y media. Incluso puedes llevar a un niño a un partido a las 7 en una noche entre semana, aunque él o ella se puedan quedar dormidos en el coche de vuelta a casa.

Pero gracias a la profana alianza de Fox y la MLB, la mayoría de los “eventos” de béisbol en televisión podrían venir con una etiqueta de “Sólo para Adultos”. ¿Y los fans en el estadio? Probablemente se encuentren a sí mismos temblando en sus asientos hasta la medianoche o más tarde, debido no sólo a la hora de comienzo tardía, sino también a las pausas entre tiempos extra-largas, alargadas para que así la cadena pueda vender más cerveza y desodorante. Los espectadores están en efecto reducidos a extras que vitorean, con esta patada añadida en el culo: pagan por el privilegio en lugar de recibir un pago. Vaya, menudo negocio para la cadena. Y los niños que compran los pósters, camisetas, y cromos para intercambiar consiguen únicamente resúmenes recalentados por la mañana. Muy mal, por supuesto, pero Fox tiene que vender tractores y la última y fenomenal Película para Tíos. Lo siento, niños, pero cuando habla el dinero, tenéis que iros a paseo.

El All-Star Game de este año es un caso particularmente vergonzoso de cómo el juego ha sido chuleado por la gente que supuestamente cuida de sus tradiciones. Fox emitió el partido a las ocho de la tarde del 15 de julio, y bingo, allá van los niños de 6 y 7 años: el pijama para ir a dormir, niñitos. El partido empezó en realidad alrededor de las nueve menos cuarto (allá van los de 8 años). Se alargó hasta pasada la medianoche con el marcador empatado (allá van los adolescentes y los esforzados trabajadores) y finalmente terminó a la 1:38 de la mañana del 16 de julio. Duración del partido: casi cinco horas. Con 15 entradas, habría acabado tarde fuera como fuera, pero si el primer lanzamiento se hubiera realizado a las siete de la tarde, el partido habría terminado antes de la medianoche. Pero, hey, los niños no compran Bud o cortacéspedes, así que al diablo con ellos.

Me digo a mí mismo que soy cínico –endurecido por todo esto– y sí lo soy, pero todavía me asombra cómo de corruptora puede ser la televisión… aunque no hay duda de que a la MLB le ha encantado que le corrompieran. Alguien debería bajarles los pantalones y darles una buena paliza en el culo. Aunque me temo que ya es demasiado tarde. Como un comentarista de de ESPN decía recientemente, “El comercio triunfa sobre la conciencia todo el tiempo”.

*1 Cheech Marin y Tommy Chong fueron un dueto cómico de actores que participaron en las décadas de los 70 y 80 en varias películas, en su mayoría comedias ácidas sobre consumo de drogas y humor descerebrado.
*2 El estadio de los Red Sox
*3 Major League Baseball
.n

 

El Pop de King (VIII)

Una mirada muy particular al
mundo de la cultura popular

Stephen King
Publicado originalmente en Entertainment Weekly
Traducciones de Soniarod
Publicadas originalmente en Ka-Tet Corp

 

esde agosto de 2003, Stephen King publica la columna The Pop of King en la revista de espectáculos Entertainment Weekly. En dicho espacio, el escritor de Maine se explaya sobre uno de los temas que más le apasiona: la cultura popular. Es así que por estas columnas desfilan análisis de series, de libros, de películas y muchas cosas más.