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Algunas veces
irónico, otras muy serio, pero siempre brillante... el King
que tanto nos deleita con sus novelas se hace presente en su mejor
forma para hablar de los más diversos temas. A lo lago de esta
serie de artículos iremos recopilando una selección
de las mejores columnas.
| 2007: Mi
top de libros
por Stephen King
(Pop of King #75, 2007: My Top of Books)
¡Locutores
deportivos! No se puede vivir con ellos, no se les puede disparar
(fuera del estado de Texas, así es). En una eliminatoria
de béisbol hace un par de años, uno de ellos se
acercó a mi lado y me preguntó si siempre llevaba
un libro conmigo a los partidos de béisbol. Parecía
que pensaba que era la cosa más divertida de la que había
tenido noticia desde el slogan de Fox News “Imparcial
y equilibrado”.
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¡Libros en los partidos de béisbol! ¡Ja,
ja, ja! De hecho, casi siempre llevo un libro a todas partes.
Los libros son el entretenimiento perfecto: sin anuncios, sin
pilas, horas de disfrute por cada dólar gastado. Lo que
me extraña es el por qué no lleva todo el mundo
un libro consigo para esos momentos muertos en la vida.
En lo que se refiere a lectura, casi
todos los años son buenos para mí, pero éste
fue particularmente jugoso. Abajo está el top 10 de los
libros que leí en 2007. Y tened esto en mente: cada libro
de la lista está disponible en este momento –si
no en tu librería local, en tu librería favorita
online. Consíguelos, cariño. Si no para ti mismo,
para alguien (ningún regalo de Navidad es tan agradable
como un libro… excepto quizás ese nuevo Jaguar
que vuestro Tío Stevie ha estado anhelando). O hazlo
porque los escritores también tienen que comer. Y ahora,
sin más preámbulos:
10. The Ghost, Robert Harris
El ex-primer ministro Adam Lang (que suena mucho al ex-primer
ministro Tony Blair) está escribiendo sus memorias con
un negro cuando es acusado por crímenes de guerra. La
esposa de Lang va cachonda y su pareja de escritura anterior
murió en circunstancias muy sospechosas. Christine
Falls (de John Banville, escrito bajo el seudónimo
de Benjamin Black) puede haber conseguido el dinero este año,
pero The Ghost ha conseguido los beneficios.
9. The Terror, Dan Simmons
Una brillante y sólida combinación de historia
y horror sobrenatural. Estar abandonado en el hielo ártico
con nada que comer excepto tus zapatos (o -glups- una porción
de filete de compañero de barco) es suficientemente malo;
el oculto monstruo blanco que acosa por las noches es peor.
Pon un tronco –o, mejor, dos– en el fuego mientras
lees éste.
8. Fieldwork, Mischa Berlinski
Ya he escrito sobre éste, y una vez es suficiente. Basta
para decir que no ha habido una historia más legible
sobre religiones en conflicto desde que Somerset Maugham creó
Sadie Thompson. El hecho de que Berlinski les dé
a los cristianos una sacudida imparcial es una bocanada de aire
fresco.
7. Harry Potter and the Deathly Hallows,
J.K. Rowling
No es perfecto, ¿pero a quién le importa? No ha
habido series de novelas fantásticas que se hayan hecho
entender con tal brillantez (¡y coraje!) desde los libros
de Narnia de C.S. Lewis. Y si tenemos eso, ¿a
quién le importa si Dumbledore es gay?
6. Water for Elephants, Sara Gruen
Para una historia pura, este colorido y precipitado cuento de
un circo de la época de la Depresión simplemente
no puede ser superado. Héroes, villanos, romance, ¡una
estampida de animales salvajes! Gran diversión desde
la página 1.
5. Bridge of Sighs, Richard Russo
Las vidas de una pequeña ciudad son elevadas al triunfo
máximo y a la tragedia por la prosa de Russo; hay risa
y tragedia, pero no condescendencia. Dickens hubiera aplaudido.
4. The Yiddish Policemen's Union,
Michael Chabon
¿Es posible combinar Raymond Chandler con Isaac Bashevis
Singer? ¿En una versión de un universo alternativo
de Alaska, también? Parece que puedes, si estás
tan dotado de fantasía como Chabon. Respetando las convenciones
de la historia de detectives, hila una historia inmensamente
satisfactoria que combina ajedrez, asesinato y política.
Otro plus para el lector: un colorido espectro de groserías
yiddish y frases ingeniosas.
3. Hollywood Station, Joseph Wambaugh
El Catch-22 de las novelas policíacas, Station
oscila desde la payasada hasta la tragedia y viceversa.
Wanbaugh sabe todo sobre el lado oscuro de la vida en Hollywood
–desde drogadictos mendigando disfrazados de Batman y
Darth Vader en el Paseo de la Fama hasta adictos a la metanfetamina
extrañamente adorables. Sí, le encantan los policías…
pero es amor duro. Y me encanta este libro.
2. Tree of Smoke, Denis Johnson
¿Piensas que no necesitas otra larga novela sobre Vietnam?
¿Cansado de novelas que intentan explicar los 60? Sí,
dadme cinco. Sólo Johnson reinventa todo ese material
en una larga, misteriosa y poética historia que quita
el aliento, que resulta tratar tanto sobre el desastre de Irak
como sobre Nam. En la mejor –y extensa– escena del
libro, Jonhson hace un escalofriante relato a nivel del suelo
de la ofensiva de Tet. Llamadlo Apocalypse Then.
1. Twilight, William Gay
Piensa en No Country for Old Men de Cormac McCarthy,
y Deliverance de James Dickey… y duplica el impacto.
Empieza con un descubrimiento espantoso en un pequeño
cementerio rural (¿puedes decir “loco enterrador
necrófilo”?) y termina con una persecución
terrorífica a través de algunos de los escenarios
más surrealistas que puedas encontrar. El héroe
adolescente Kenneth Tyler es inmensamente interesante (por no
decir ingenioso); su contrario, el psicópata Granville
Sutter, es a la vez espantoso y psicológicamente creíble.
¿Menciones
de honor? Sí, las tenemos: Then We Came to the End.
de Joshua Ferris; The Godfather’s Revenge de
Mark Winegardner; The Shotgun Rule, de Charlie Huston.
Coge alguno o todos estos títulos, y disfruta. Van particularmente
bien para el estadio, durante esos aburridos cambios de lanzador.
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| Adiós,
Harry
por Stephen King
(Pop of King #69, Goodbye, Harry)
Estoy teniendo un día de sentimientos
encontrados: feliz porque estoy leyendo el manuscrito de una
novela llena de magia, misterio y monstruos; triste porque estará
terminada mañana y en mi estantería, con todos
sus secretos contados y sus personajes supervivientes libres
para vivir sus propias vidas (si los personajes tienen vida
más allá del fin de una novela – siempre
he creído que la tienen). |
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Se llama Los Monstruos de Templeton, de Lauren Groff,
y será publicado a principio del año que viene.
¿Pensabais que me refería
al final de Harry Potter? No seáis tontos –no
hasta el punto de pensar de vuestro tío Stevie tiene
ése por adelantado (aunque estoy seguro de que estais
de acuerdo en que él debería, debería).
Pero espero enfrentarme a los mismos sentimientos, sólo
que más fuertes, cuando esté llegando al final
de las páginas de Harry Potter and the Deathly Hallows.
Demonios, tuve problemas para decir adiós a Tony Soprano,
y lo afronté –era un zurullo. Harry es uno de los
tipos buenos. Uno de los grandes tipos, de hecho, y eso también
es válido para sus amigos.
El sentido de la tristeza que siento
ante el inminente final de Los Monstruos de Templeton
no es sólo a causa de que la historia se vaya a terminar;
cuando lees uno bueno –y éste es uno muy bueno
– esos sentimientos se hacen más hondos por la
comprensión de que no te atarás a nada tan divertido
otra vez durante mucho tiempo. Esta melancolía concreta
se hace aún más profunda cuando la historia se
extiende durando varios volúmenes. Lo sentí cuando
me acercada al final de la trilogía de Gormenghast
de Mervyn Peaje, más fuerte mientras me aproximaba a
la conclusión de la búsqueda de Frodo en El
Señor de los Anillos, y con doloroso entusiasmo
cuando, como escritor, llegué al final de La Torre
Oscura, que se extendió a través de siete
volúmenes y un período de escritura de un cuarto
de siglo.
Al tratarse de Harry, parte de mí...
de hecho, una gran parte... no puede soportar decirle adiós.
Creo que J. K. Rowling siente lo mismo, aunque supongo que esos
sentimientos se entrelazan con el alivio de saber que su trabajo
ya está terminado, para bien o para mal.
¡Y ya soy un adulto, por el amor
de Dios, un maldito Muggle! Imagina cómo será
entonces para todos los chicos que tenían 8 años
cuando Harry debutó en Harry Potter y la Piedra Filosofal,
con su tapa de cartón y su modesta (500 copias) primera
edición. Esos chicos ahora tienen 18 años, y están
muy cerca de cerrar el libro final de su propia niñez
-veranos mágicos en el balancín del jardín,
o leyendo bajo las sábanas en un campamento con una linterna,
o escuchando las grabaciones de Jim Dale durante los largos
viajes para ver a la abuela en Cincinnati o al tío Bob
en Wichita. Mi consejo para las familias con lectores de Harry
Potter: compren muchos Kleenex. Los van a necesitar. Todo
empeora por un hecho inevitable: no es sólo Harry. Es
hora de decir adiós a todo el reparto, desde Myrtle la
Llorona hasta Scabbers la rata (a.k.a. Colagusano). Lo cual
nos lleva a una interesante pregunta: ¿El último
volumen satisfará a los fieles (y muy devotos) lectores
de Harry?
Aunque la única cosa de la que
podemos estar seguros es de que Deathly Hallows no
terminará en un fundido a negro de diez segundos (vais
a escuchar mucho eso en las próximas semanas), mi apuesta
es que un gran número de lectores no estará satisfecho
incluso si Harry sobrevive (apuesto a que lo hará) y
Lord Voldemort es derrotado (apuesto esto también, aunque
el mal nunca es derrotado por mucho tiempo). En parte estoy
recurriendo a mi propia experiencia con La Torre Oscura
(la satisfacción de los lectores con el final fue baja
– mala suerte, dado que es el único que tenía);
en parte en mi creencia de que muy pocos trabajos largos finalizan
tan felizmente como la serie de los Anillos de Tolkien, con
su bello peregrinaje en los Puertos Grises; pero la mayor parte
en el hecho de que existe esa tristeza, esa inevitable inevitable
despedida de los personajes que han sido profundamente amados
por muchos. Los blogs de Internet estarán llenos de
ésto esta mal y lo otro es incorrecto,
pero todo se reduce a algo que muchos sentirán y pocos
vendrán y se pondrán firmes: ningún final
puede ser bueno, porque no debería terminar de ningún
modo. Se supone que la magia no debe irse.
Rowling seguirá casi seguro con
otros trabajos, y pueden ser tremendos, pero no será
lo mismo, y estoy seguro de que ella lo sabe. Los lectores podrán
volver y releer los libros que ya existen –como yo he
vuelto a Tolkien, como mi esposa vuelve a las maravillosas historias
marítimas de Patrick O’Brian con el Capitán
Autrey y el Dr. Maturin, como otros hacen con novelas con Travis
McGee o Lord Peter Wimsey– y releer es un gran placer,
pero no es el aguantar la respiración, el suspense de
qué-va-a-suceder-después que los lectores de Potter
han disfrutado desde 1997. Y, por supuesto, la audiencia de
Harry es diferente. Está, en gran parte, formada por
niños que experimentarán estos sentimientos únicos
y más bien terribles por primera vez.
Pero hay esperanza. Siempre hay más
buenas historias, y una que otra vez, hay grandiosas historias.
Llegan si las esperas. Y hay algo que creo con todo mi corazón:
ninguna historia puede ser grandiosa si no tiene un final. Debe
haber un final, pues esa es la condición humana. Y ya
que así debe ser, estaré en la fila con mi dinero
en la mano el 21 de Julio.
Y, debo admitirlo, con tristeza
en mi corazón. |
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Libros con batería, ¿por
qué no?
por Stephen King
(Pop of King #76, Books With Batteries, Why Not?)
¿Qué
hice durante las vacaciones? Leer un buen libro, por supuesto.
Se titulada In Pale Battalions, de Robert Goddard.
Goddard es británico, y sus cuentos de suspense y misterio
han sido recientemente reeditados en América. Nunca lo
había leído. Ahora estoy contento de haberlo hecho.
Ambientado en su mayor parte durante la Primera Guerra Mundial
(pero con una estructura que permite a la historia extenderse
hasta el 1968), In Pale Battalions es una historia
de sexo, secretos, y asesinato – todo el buen material,
en otras palabras.
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Lo que la hace especialmente fascinante es la malévola
mujer-demonio en el centro de la novela: el mayor talento de
Olivia Powerstock es hacer sufrir a aquellos que la rodean.
Y Goddard es listo, dando al lector no sólo una solución
a lo que ocurrió en la ventosa y vieja Meongate Manor,
sino tres – cada una más completa y más
satisfactoria que la anterior.
Un libro para recordar, en otras palabras,
pero uno que recordaré de otro modo: como el primer libro
que leí en mi nuevo Kindle.
La mayoría de vosotros ya sabréis
qué es, pero para aquellos de vosotros que hayáis
estado viviendo en un granero, vuestro tío Stevie os
lo aclarará. Es un gadget disponible en Amazon.com.
La publicidad dice que parece como un libro de bolsillo, pero
realmente no lo es. Es un panel de plástico blando con
una pantalla en medio y uno de esos fastidiosos teclados pequeñitos
más adecuados para los dedos de elfos Keebler. Una revelación:
todavía no he usado el teclado pequeñito, y realmente
no veo la necesidad de hacerlo. Los teclados son para escribir.
El Kindle es para leer.
Hay dos controles en la parte de atrás.
Uno es el interruptor para encender y apagar (qué si
no). El otro abre una conexión wireless llamada Whispernet.
Con esto puedes descargar libros directamente del éter
electrónico, donde incluso ahora un millón de
libros están volando sobre nuestras cabezas, como ángeles
de papel sin el papel, si sabéis lo que quiero decir.
El inconveniente: por ahora, sólo puedes pedir los que
están en la tienda de Amazon. La ventaja: es
más barato que tu almacén local, con 9.99$ para
muchos nuevos lanzamientos. Pero un libro es un libro, ¿no?
¿O no? Uno de mis amigos escritores
expresaba serias dudas. Aunque creció con la TV y se
destetó con Internet, este talentoso joven ha esgrimido
un potente argumento a favor de los libros como libros: bellos
objetos que ocupan un lugar real en nuestras vidas. “Los
libros amueblan una habitación”, solía
decir la gente cuando yo era un niño, y sé lo
que mi joven y talentoso amigo escritor quiere decir. Portadas,
por ejemplo. Las reimpresiones de Robert Goddard son bellezas.
La de In Pale Battalions tiene un relieve de amapolas
de un rojo vívido, esas flores emblemáticas de
la Primera Guerra Mundial, sobre un campo verde. La “portada”
de la versión Kindle es una simple declaración
de título y autor. Aburrido. En muchos libros Kindle
el diseño de la portada está reproducido…
pero en tibio blanco y negro.
He argumentado toda mi vida que la historia
significa más que el sistema en el que se entregue (y
eso incluye al escritor). Nunca he sido capaz de entender el
prejuicio que algunas personas parecen sentir acerca de los
libros grabados, por ejemplo. No sólo las buenas historias
son mejores cuando están dichas en voz alta; las malas
historias se delatan, porque la palabra hablada es despiadada.
No puedes, por ejemplo, escuchar una historia de la Patricia
Cornwell de los últimos tiempos sin darte cuenta de lo
poco que siente ella por el lenguaje, o a una Sue Grafton sin
apreciar su ojo divino para las minucias de la vida diaria.
El Kindle no es tan gratificante
como un buen libro narrado por un gran lector… pero para
lo que es, está muy bien. Es ligero, su batería
es duradera, es simple de manejar. Y para un tipo de mi edad
(un menos-que-generoso lector se refirió a mí
en su blog como “ese anciano idiota”), el Kindle
es un gran artículo: puedes ajustar el tamaño
de la letra. En la versión impresa de In Pale Battalions,
el tipo es legible pero pequeño; después de una
hora o así, yo estaría saturado. En su más
alta magnificación el Kindle, sin embargo, la
narrativa puede parecer dos veces más grandes de lo que
es, y puedo alargar dos veces esa cantidad de tiempo, con mi
dedo pulsando el botón de PÁGINA SIGUIENTE. Es
una bendición que me reconcilia con tener que recargar
el gadget por las noches… algo que nunca había
tenido que hacer con una novela hasta ésta.
¿Reemplazarán los Kindles
a los libros? No. Y no sólo porque los libros amueblan
una habitación, sin embargo. Hay una permanencia en los
libros que subraya la importancia de las ideas y las historias
que encontramos dentro de ellos; los libros solidifican un,
por otro lado, medio frágil.
¿Pero puede un Kindle enriquecer
la vida de un lector? Mi propia experiencia –hasta el
momento limitada a libros 1.5, lo admito –sugiere que
puedo. Por un momento fui muy consciente de que estaba mirando
una pantalla y pulsando un botón en vez de volver páginas.
Entonces la historia simplemente me engulló, como siempre
lo hacen las buenas. No pensé en mi Kindle más;
estaba rebuscando a alguien que parara a la malvada Lady Powerstock.
Se convirtió en el mensaje en lugar del mensajero, y
es el modo en que se supone que tiene que ser.
¿Y mencioné
que también puedes encontrar definiciones de las palabras
que te despistan mientras lees? Mi definición de Kindle:
un gadget con historias escondidas dentro. ¿Qué
tiene eso de malo?.n
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