Nº 123 - MARZO 2008

Algunas veces irónico, otras muy serio, pero siempre brillante... el King que tanto nos deleita con sus novelas se hace presente en su mejor forma para hablar de los más diversos temas. A lo lago de esta serie de artículos iremos recopilando una selección de las mejores columnas.



2007: Mi top de libros

por Stephen King
(Pop of King #75, 2007: My Top of Books)

¡Locutores deportivos! No se puede vivir con ellos, no se les puede disparar (fuera del estado de Texas, así es). En una eliminatoria de béisbol hace un par de años, uno de ellos se acercó a mi lado y me preguntó si siempre llevaba un libro conmigo a los partidos de béisbol. Parecía que pensaba que era la cosa más divertida de la que había tenido noticia desde el slogan de Fox News “Imparcial y equilibrado”.


¡Libros en los partidos de béisbol! ¡Ja, ja, ja! De hecho, casi siempre llevo un libro a todas partes. Los libros son el entretenimiento perfecto: sin anuncios, sin pilas, horas de disfrute por cada dólar gastado. Lo que me extraña es el por qué no lleva todo el mundo un libro consigo para esos momentos muertos en la vida.

En lo que se refiere a lectura, casi todos los años son buenos para mí, pero éste fue particularmente jugoso. Abajo está el top 10 de los libros que leí en 2007. Y tened esto en mente: cada libro de la lista está disponible en este momento –si no en tu librería local, en tu librería favorita online. Consíguelos, cariño. Si no para ti mismo, para alguien (ningún regalo de Navidad es tan agradable como un libro… excepto quizás ese nuevo Jaguar que vuestro Tío Stevie ha estado anhelando). O hazlo porque los escritores también tienen que comer. Y ahora, sin más preámbulos:

10. The Ghost, Robert Harris
El ex-primer ministro Adam Lang (que suena mucho al ex-primer ministro Tony Blair) está escribiendo sus memorias con un negro cuando es acusado por crímenes de guerra. La esposa de Lang va cachonda y su pareja de escritura anterior murió en circunstancias muy sospechosas. Christine Falls (de John Banville, escrito bajo el seudónimo de Benjamin Black) puede haber conseguido el dinero este año, pero The Ghost ha conseguido los beneficios.

9. The Terror, Dan Simmons
Una brillante y sólida combinación de historia y horror sobrenatural. Estar abandonado en el hielo ártico con nada que comer excepto tus zapatos (o -glups- una porción de filete de compañero de barco) es suficientemente malo; el oculto monstruo blanco que acosa por las noches es peor. Pon un tronco –o, mejor, dos– en el fuego mientras lees éste.

8. Fieldwork, Mischa Berlinski
Ya he escrito sobre éste, y una vez es suficiente. Basta para decir que no ha habido una historia más legible sobre religiones en conflicto desde que Somerset Maugham creó Sadie Thompson. El hecho de que Berlinski les dé a los cristianos una sacudida imparcial es una bocanada de aire fresco.

7. Harry Potter and the Deathly Hallows, J.K. Rowling
No es perfecto, ¿pero a quién le importa? No ha habido series de novelas fantásticas que se hayan hecho entender con tal brillantez (¡y coraje!) desde los libros de Narnia de C.S. Lewis. Y si tenemos eso, ¿a quién le importa si Dumbledore es gay?

6. Water for Elephants, Sara Gruen
Para una historia pura, este colorido y precipitado cuento de un circo de la época de la Depresión simplemente no puede ser superado. Héroes, villanos, romance, ¡una estampida de animales salvajes! Gran diversión desde la página 1.

5. Bridge of Sighs, Richard Russo
Las vidas de una pequeña ciudad son elevadas al triunfo máximo y a la tragedia por la prosa de Russo; hay risa y tragedia, pero no condescendencia. Dickens hubiera aplaudido.

4. The Yiddish Policemen's Union, Michael Chabon
¿Es posible combinar Raymond Chandler con Isaac Bashevis Singer? ¿En una versión de un universo alternativo de Alaska, también? Parece que puedes, si estás tan dotado de fantasía como Chabon. Respetando las convenciones de la historia de detectives, hila una historia inmensamente satisfactoria que combina ajedrez, asesinato y política. Otro plus para el lector: un colorido espectro de groserías yiddish y frases ingeniosas.

3. Hollywood Station, Joseph Wambaugh
El Catch-22 de las novelas policíacas, Station oscila desde la payasada hasta la tragedia y viceversa. Wanbaugh sabe todo sobre el lado oscuro de la vida en Hollywood –desde drogadictos mendigando disfrazados de Batman y Darth Vader en el Paseo de la Fama hasta adictos a la metanfetamina extrañamente adorables. Sí, le encantan los policías… pero es amor duro. Y me encanta este libro.

2. Tree of Smoke, Denis Johnson
¿Piensas que no necesitas otra larga novela sobre Vietnam? ¿Cansado de novelas que intentan explicar los 60? Sí, dadme cinco. Sólo Johnson reinventa todo ese material en una larga, misteriosa y poética historia que quita el aliento, que resulta tratar tanto sobre el desastre de Irak como sobre Nam. En la mejor –y extensa– escena del libro, Jonhson hace un escalofriante relato a nivel del suelo de la ofensiva de Tet. Llamadlo Apocalypse Then.

1. Twilight, William Gay
Piensa en No Country for Old Men de Cormac McCarthy, y Deliverance de James Dickey… y duplica el impacto. Empieza con un descubrimiento espantoso en un pequeño cementerio rural (¿puedes decir “loco enterrador necrófilo”?) y termina con una persecución terrorífica a través de algunos de los escenarios más surrealistas que puedas encontrar. El héroe adolescente Kenneth Tyler es inmensamente interesante (por no decir ingenioso); su contrario, el psicópata Granville Sutter, es a la vez espantoso y psicológicamente creíble.

¿Menciones de honor? Sí, las tenemos: Then We Came to the End. de Joshua Ferris; The Godfather’s Revenge de Mark Winegardner; The Shotgun Rule, de Charlie Huston. Coge alguno o todos estos títulos, y disfruta. Van particularmente bien para el estadio, durante esos aburridos cambios de lanzador.




Adiós, Harry

por Stephen King
(Pop of King #69, Goodbye, Harry)

Estoy teniendo un día de sentimientos encontrados: feliz porque estoy leyendo el manuscrito de una novela llena de magia, misterio y monstruos; triste porque estará terminada mañana y en mi estantería, con todos sus secretos contados y sus personajes supervivientes libres para vivir sus propias vidas (si los personajes tienen vida más allá del fin de una novela – siempre he creído que la tienen).


Se llama Los Monstruos de Templeton, de Lauren Groff, y será publicado a principio del año que viene.

¿Pensabais que me refería al final de Harry Potter? No seáis tontos –no hasta el punto de pensar de vuestro tío Stevie tiene ése por adelantado (aunque estoy seguro de que estais de acuerdo en que él debería, debería). Pero espero enfrentarme a los mismos sentimientos, sólo que más fuertes, cuando esté llegando al final de las páginas de Harry Potter and the Deathly Hallows. Demonios, tuve problemas para decir adiós a Tony Soprano, y lo afronté –era un zurullo. Harry es uno de los tipos buenos. Uno de los grandes tipos, de hecho, y eso también es válido para sus amigos.

El sentido de la tristeza que siento ante el inminente final de Los Monstruos de Templeton no es sólo a causa de que la historia se vaya a terminar; cuando lees uno bueno –y éste es uno muy bueno – esos sentimientos se hacen más hondos por la comprensión de que no te atarás a nada tan divertido otra vez durante mucho tiempo. Esta melancolía concreta se hace aún más profunda cuando la historia se extiende durando varios volúmenes. Lo sentí cuando me acercada al final de la trilogía de Gormenghast de Mervyn Peaje, más fuerte mientras me aproximaba a la conclusión de la búsqueda de Frodo en El Señor de los Anillos, y con doloroso entusiasmo cuando, como escritor, llegué al final de La Torre Oscura, que se extendió a través de siete volúmenes y un período de escritura de un cuarto de siglo.

Al tratarse de Harry, parte de mí... de hecho, una gran parte... no puede soportar decirle adiós. Creo que J. K. Rowling siente lo mismo, aunque supongo que esos sentimientos se entrelazan con el alivio de saber que su trabajo ya está terminado, para bien o para mal.

¡Y ya soy un adulto, por el amor de Dios, un maldito Muggle! Imagina cómo será entonces para todos los chicos que tenían 8 años cuando Harry debutó en Harry Potter y la Piedra Filosofal, con su tapa de cartón y su modesta (500 copias) primera edición. Esos chicos ahora tienen 18 años, y están muy cerca de cerrar el libro final de su propia niñez -veranos mágicos en el balancín del jardín, o leyendo bajo las sábanas en un campamento con una linterna, o escuchando las grabaciones de Jim Dale durante los largos viajes para ver a la abuela en Cincinnati o al tío Bob en Wichita. Mi consejo para las familias con lectores de Harry Potter: compren muchos Kleenex. Los van a necesitar. Todo empeora por un hecho inevitable: no es sólo Harry. Es hora de decir adiós a todo el reparto, desde Myrtle la Llorona hasta Scabbers la rata (a.k.a. Colagusano). Lo cual nos lleva a una interesante pregunta: ¿El último volumen satisfará a los fieles (y muy devotos) lectores de Harry?

Aunque la única cosa de la que podemos estar seguros es de que Deathly Hallows no terminará en un fundido a negro de diez segundos (vais a escuchar mucho eso en las próximas semanas), mi apuesta es que un gran número de lectores no estará satisfecho incluso si Harry sobrevive (apuesto a que lo hará) y Lord Voldemort es derrotado (apuesto esto también, aunque el mal nunca es derrotado por mucho tiempo). En parte estoy recurriendo a mi propia experiencia con La Torre Oscura (la satisfacción de los lectores con el final fue baja – mala suerte, dado que es el único que tenía); en parte en mi creencia de que muy pocos trabajos largos finalizan tan felizmente como la serie de los Anillos de Tolkien, con su bello peregrinaje en los Puertos Grises; pero la mayor parte en el hecho de que existe esa tristeza, esa inevitable inevitable despedida de los personajes que han sido profundamente amados por muchos. Los blogs de Internet estarán llenos de ésto esta mal y lo otro es incorrecto, pero todo se reduce a algo que muchos sentirán y pocos vendrán y se pondrán firmes: ningún final puede ser bueno, porque no debería terminar de ningún modo. Se supone que la magia no debe irse.

Rowling seguirá casi seguro con otros trabajos, y pueden ser tremendos, pero no será lo mismo, y estoy seguro de que ella lo sabe. Los lectores podrán volver y releer los libros que ya existen –como yo he vuelto a Tolkien, como mi esposa vuelve a las maravillosas historias marítimas de Patrick O’Brian con el Capitán Autrey y el Dr. Maturin, como otros hacen con novelas con Travis McGee o Lord Peter Wimsey– y releer es un gran placer, pero no es el aguantar la respiración, el suspense de qué-va-a-suceder-después que los lectores de Potter han disfrutado desde 1997. Y, por supuesto, la audiencia de Harry es diferente. Está, en gran parte, formada por niños que experimentarán estos sentimientos únicos y más bien terribles por primera vez.

Pero hay esperanza. Siempre hay más buenas historias, y una que otra vez, hay grandiosas historias. Llegan si las esperas. Y hay algo que creo con todo mi corazón: ninguna historia puede ser grandiosa si no tiene un final. Debe haber un final, pues esa es la condición humana. Y ya que así debe ser, estaré en la fila con mi dinero en la mano el 21 de Julio.

Y, debo admitirlo, con tristeza en mi corazón.




Libros con batería, ¿por qué no?

por Stephen King
(Pop of King #76, Books With Batteries, Why Not?)

¿Qué hice durante las vacaciones? Leer un buen libro, por supuesto. Se titulada In Pale Battalions, de Robert Goddard. Goddard es británico, y sus cuentos de suspense y misterio han sido recientemente reeditados en América. Nunca lo había leído. Ahora estoy contento de haberlo hecho. Ambientado en su mayor parte durante la Primera Guerra Mundial (pero con una estructura que permite a la historia extenderse hasta el 1968), In Pale Battalions es una historia de sexo, secretos, y asesinato – todo el buen material, en otras palabras.


Lo que la hace especialmente fascinante es la malévola mujer-demonio en el centro de la novela: el mayor talento de Olivia Powerstock es hacer sufrir a aquellos que la rodean. Y Goddard es listo, dando al lector no sólo una solución a lo que ocurrió en la ventosa y vieja Meongate Manor, sino tres – cada una más completa y más satisfactoria que la anterior.

Un libro para recordar, en otras palabras, pero uno que recordaré de otro modo: como el primer libro que leí en mi nuevo Kindle.

La mayoría de vosotros ya sabréis qué es, pero para aquellos de vosotros que hayáis estado viviendo en un granero, vuestro tío Stevie os lo aclarará. Es un gadget disponible en Amazon.com. La publicidad dice que parece como un libro de bolsillo, pero realmente no lo es. Es un panel de plástico blando con una pantalla en medio y uno de esos fastidiosos teclados pequeñitos más adecuados para los dedos de elfos Keebler. Una revelación: todavía no he usado el teclado pequeñito, y realmente no veo la necesidad de hacerlo. Los teclados son para escribir. El Kindle es para leer.

Hay dos controles en la parte de atrás. Uno es el interruptor para encender y apagar (qué si no). El otro abre una conexión wireless llamada Whispernet. Con esto puedes descargar libros directamente del éter electrónico, donde incluso ahora un millón de libros están volando sobre nuestras cabezas, como ángeles de papel sin el papel, si sabéis lo que quiero decir. El inconveniente: por ahora, sólo puedes pedir los que están en la tienda de Amazon. La ventaja: es más barato que tu almacén local, con 9.99$ para muchos nuevos lanzamientos. Pero un libro es un libro, ¿no?

¿O no? Uno de mis amigos escritores expresaba serias dudas. Aunque creció con la TV y se destetó con Internet, este talentoso joven ha esgrimido un potente argumento a favor de los libros como libros: bellos objetos que ocupan un lugar real en nuestras vidas. “Los libros amueblan una habitación”, solía decir la gente cuando yo era un niño, y sé lo que mi joven y talentoso amigo escritor quiere decir. Portadas, por ejemplo. Las reimpresiones de Robert Goddard son bellezas. La de In Pale Battalions tiene un relieve de amapolas de un rojo vívido, esas flores emblemáticas de la Primera Guerra Mundial, sobre un campo verde. La “portada” de la versión Kindle es una simple declaración de título y autor. Aburrido. En muchos libros Kindle el diseño de la portada está reproducido… pero en tibio blanco y negro.

He argumentado toda mi vida que la historia significa más que el sistema en el que se entregue (y eso incluye al escritor). Nunca he sido capaz de entender el prejuicio que algunas personas parecen sentir acerca de los libros grabados, por ejemplo. No sólo las buenas historias son mejores cuando están dichas en voz alta; las malas historias se delatan, porque la palabra hablada es despiadada. No puedes, por ejemplo, escuchar una historia de la Patricia Cornwell de los últimos tiempos sin darte cuenta de lo poco que siente ella por el lenguaje, o a una Sue Grafton sin apreciar su ojo divino para las minucias de la vida diaria.

El Kindle no es tan gratificante como un buen libro narrado por un gran lector… pero para lo que es, está muy bien. Es ligero, su batería es duradera, es simple de manejar. Y para un tipo de mi edad (un menos-que-generoso lector se refirió a mí en su blog como “ese anciano idiota”), el Kindle es un gran artículo: puedes ajustar el tamaño de la letra. En la versión impresa de In Pale Battalions, el tipo es legible pero pequeño; después de una hora o así, yo estaría saturado. En su más alta magnificación el Kindle, sin embargo, la narrativa puede parecer dos veces más grandes de lo que es, y puedo alargar dos veces esa cantidad de tiempo, con mi dedo pulsando el botón de PÁGINA SIGUIENTE. Es una bendición que me reconcilia con tener que recargar el gadget por las noches… algo que nunca había tenido que hacer con una novela hasta ésta.

¿Reemplazarán los Kindles a los libros? No. Y no sólo porque los libros amueblan una habitación, sin embargo. Hay una permanencia en los libros que subraya la importancia de las ideas y las historias que encontramos dentro de ellos; los libros solidifican un, por otro lado, medio frágil.

¿Pero puede un Kindle enriquecer la vida de un lector? Mi propia experiencia –hasta el momento limitada a libros 1.5, lo admito –sugiere que puedo. Por un momento fui muy consciente de que estaba mirando una pantalla y pulsando un botón en vez de volver páginas. Entonces la historia simplemente me engulló, como siempre lo hacen las buenas. No pensé en mi Kindle más; estaba rebuscando a alguien que parara a la malvada Lady Powerstock. Se convirtió en el mensaje en lugar del mensajero, y es el modo en que se supone que tiene que ser.

¿Y mencioné que también puedes encontrar definiciones de las palabras que te despistan mientras lees? Mi definición de Kindle: un gadget con historias escondidas dentro. ¿Qué tiene eso de malo?.n

 

El Pop de King (III)

Una mirada muy particular al
mundo de la cultura popular

Stephen King
Publicado originalmente en Entertainment Weekly
Traducción de Soniarod y Patricio, publicadas en Ka-Tet Corp

 

esde agosto de 2003, Stephen King publica la columna The Pop of King en la revista de espectáculos Entertainment Weekly. En dicho espacio, el escritor de Maine se explaya sobre uno de los temas que más le apasiona: la cultura popular. Es así que por estas columnas desfilan análisis de series, de libros, de películas y muchas cosas más.